Situado al pie del Puig de Randa, lugar de paso obligado para visitar los monasterios de Gràcia, Sant Honorat y Nuestra Señora de Cura. Randa es una pequeña aldea donde el tiempo parece haberse detenido eternamente. La paz y el sosiego presente en sus calles, el místico encanto que emanan sus paisajes, su particular atmósfera de quietud y silencio, hacen de este pueblecito un lugar ideal para alejarse unos días del trajín diario. El pintoresco pueblo de Randa, se encuentra muy bien localizado, en un lugar central, entre Llucmajor y Algaida, camino hacia las tres famosas ermitas, a pesar de ello no ha perdido su carácter auténtico e intimo. En mitad de este delicioso paisaje se levanta este hotel, construido a base de las piedras características de la arquitectura popular mallorquina, una coqueta casa rústica edificada a finales del siglo XVII, siendo durante años uno de sus edificios un convento de monjas.